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Publicado el 26 enero, 2026

En la habitación vacía está la plenitud sonora de Jane Yo

Por Luis Sergio Carrera
Jane Yo · Mallorca Music Magazine

El rock indie, ese término que todo lo engulle y poco define, sigue pariendo prodigios en rincones donde el sol y la cerveza barata suelen reinar. Desde Mallorca, Jane Yo lleva una década escarbando su propio surco. Formados en 2014, siempre tuvieron el mapa correcto: trazar una línea desde las nieblas del post-punk y el shoegaze británico hasta los ecos del dreampop de los 90, pero caminando con sus propias botas. Y así lo dejaron patente cuando se hicieron con el segundo premio del concurso Pop Rock de Palma en 2022. Cuatro años después de «From Now On«, regresan con «Empty Room» (Espora Records, 15 de enero de 2026), un EP de cuatro canciones que no es un mero paréntesis, sino una declaración de principios renovada. Y el primer single, «Strange Things», fue el aviso: han crecido, y el crecimiento duele, pero suena espectacular.

La incorporación de Gabi Capllonch en teclados y sintetizadores no es un mero dato de alineación, es el evento tectónico que explica todo. La banda de August Cortès (voz/guitarra), José Troya (bajo/teclados), Miquel Cifre (batería) y Jorge Sevilla (guitarra/sintes) ya coqueteaba con la textura, pero Capllonch empuja el sonido hacia lo orgánico, lo cinematográfico. En «Strange Things» se percibe de inmediato: los teclados no son decoración, son la atmósfera respirable. Planean sobre una base de bajo y batería que no construye, sino que excava un espacio de tensión contenida. Las guitarras de Cortès y Sevilla ya no solo rasgan o nublan, ahora delinean, conversan y, cuando estallan, lo hacen con la certeza de quien detona una emoción largamente custodiada.

Aquí es donde el trabajo de producción se vuelve crucial. Grabado entre Diorama Sound y los estudios Mono Boost con Jaime García Soriano y Nahuel Gutiérrez, estos aportan credibilidad de garaje y de estadio en igual medida. «Empty Room» logra ese santo grial: es denso y potente, pero nunca opaco. La mano de García Soriano en particular brilla en el tratamiento de las voces. La de Cortès, antes quizás un elemento más en la mezcla, ahora emerge con una claridad emocional desgarradora. No canta sobre las inseguridades y miedos de la adultez, las habita. El EP, nos cuentan, explora la distancia, los vínculos y el paso del tiempo. La producción no ilustra ese tema, lo encarna: cada capa de sintetizador, cada dinámica cambiante, cada estallido calculado, siente a ese adulto navegando contradicciones. El máster final se ha llevado a cabo en Mallorca Mastering y, finalmente, la ensoñadora portada es obra del bajista Troya. Así tenía que ser, habida cuenta de que el logroñés de origen atesora una reconocida trayectoria como artista versátil en dibujo, pintura, instalación, fotografía e ilustración.

«Strange Things» es solo la puerta de entrada a esa habitación vacía. Con el EP publicado este enero, Jane Yo ha dado el salto que muchos intentan y pocos concretan: evolucionar sin traicionarse. Conservan la melancolía sensitiva que los definía, pero la respiran con pulmones más grandes. Han intercambiado algo de la niebla etérea por un paisaje sonoro más definido, sin perder el misterio. Es shoegaze que no se queda mirando los zapatos, sino el horizonte es dreampop con los pies firmes en la tierra, aunque la cabeza navegue nebulosas.

El rock de consciencia, ese que mide su grandeza no en decibelios vacíos sino en la expansión del paisaje interior, escribe un nuevo capítulo con este trabajo. «Empty Room» es más que un EP, es un manifiesto de madurez sonora, un testimonio de que las islas no son confines, sino laboratorios de intensidad universal. Jane Yo no ha grabado simplemente cuatro canciones. Ha cartografiado el eco atronador del silencio, la geometría sagrada de la vulnerabilidad, y ha emergido con un disco que convierte la incertidumbre adulta en una catedral de ruido y belleza. Este no parece el final de un camino, sino la llegada a una nueva meseta desde la cual el horizonte se ve infinito. El shoegaze tenía una deuda pendiente con el Mediterráneo, y con este trabajo queda saldada con creces. Que el mundo espere, y que escuche. La habitación está vacía, pero el sonido que la llena es ahora absolutamente colosal.

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Publicado por:

Director de Mallorca Music Magazine, ejerciendo de fotógrafo, editor y redactor.
Apasionado de la buena música y las artes escénicas.
Fotógrafo especializado en fotografía musical y de conciertos.

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